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Tuesday, December 11, 2007

La niñez envuelta en las guerras imperialistas


Por Facundo Bazán

No hay ser humano normal que no se enternezca ante la presencia de un niño; por eso preguntamos hoy cuál será su futuro, si su presente es más terrorífico que el informe “La Infancia Amenazada”. Espeluznante pesadilla inabarcable que el imperialismo exacerba por doquier. Cinco mil millones de niños viven en pobreza, tres mil millones viven bajo distintas formas de guerra, y mil millones bajo extrema pobreza sin ninguna dignidad, mientras el mundo capitalista jamás presumió tanto de su poder, de su riqueza y de su éxito sin límites.

En el tercer mundo, países eufemísticamente llamados “en vías de desarrollo” concentran la inmensa mayoría de esos niños. Allí viven 2, 900 millones en esa situación mientras que en los países desarrollados viven así unos 500 millones de niños. 640 millones de infantes, en los “países en desarrollo” viven sin vivienda, 400 millones sin acceso al agua potable, 300 millones sin acceso a servicios de salud, y 120 millones de sobre todo niñas en edad escolar primaria, no asisten a la escuela. Diariamente mueren 29,158 niños y niñas que no han cumplido los cinco años. Los países donde los niños tienen más posibilidades de morir antes de cumplir cinco años son: Sierra Leona, Níger, Angola, Afganistán, Liberia, Somalia, Malí, Burkina Faso, Congo, Guinea Bissau, Haití. El problema es casi exclusivo de los países que viven el colonialismo y la intervención, en cambio en Japón, por ejemplo, la expectativa de vida de los nacidos durante este año es de 82 años, mientras que la de los nacidos en Zambia es no mayor a los 33 años. Zambia necesitaría 280 años para alcanzar el nivel que Japón tuvo en el 2003, pero la diferencia se ahonda cada día más.

Niños y niñas escarbando las montañas de basura en Manila peleando contra perros y gallinazos, niños congoleños de 9 años cargando un AK-47 en la selva, niñas bosnias de no más de once años forzadas a prostituirse en las frías calles de Moscú, varoncitos de 13 prostituyéndose en Río de Janeiro sólo para poder comer, los huérfanos en Botswana a causa del SIDA de sus padres no le importan a nadie. Este es el promisorio siglo XXI. Sobrevivientes de la pobreza extrema atrapados en medio de conflictos sociales y militares, fantasmas en espera de una solución que sólo llegará subvirtiendo el orden de las relaciones dentro de cada país y en el orbe entero. No serán los valores impartidos los que traerán la paz, hija de la igualdad real. No serán ni 40 ni 70 mil millones de dólares los que solucionen el problema estructural de una “civilización” basada en la explotación del más débil. En comparación, este año los gastos militares mundiales ascendieron a 1’ 656, 000 ’ 000 , 000 billones de dólares.

La noche es muy negra, se aproxima el derrumbe del viejo sistema. Ya llega el amanecer de un mundo nuevo si nos decidimos a hacer algo en serio por los parias del mundo, expropiando a los grandes banqueros, a los grandes ejércitos, a los grandes consorcios petroleros, nucleares, mineros y fármaco-genéticos el poder especulativo y destructivo que conservan para cabalgar sobre el horror instalado en el mundo. Las garras y colmillos de sus intereses han mordido y rasgado a la tierra, al hombre y a la historia, cercándola, excluyéndole y arrastrándola al fondo, por el placer de una bacanal nocturna con sangre obrera y campesina, persa, palestina, amazónica y africana.

Crecer con la sensación de algo trágico, vencidos, huérfanos, locos, sin entender que las causas del dolor se remontan a ejes de poder próximos y distantes, en la extrema concentración de la propiedad frente a la absoluta miseria de quienes no tienen más que sus magras fuerzas para trabajar o para rebelarse, es esforzarse por reconocer que las crisis recurrentes son la antesala de las guerras que los ricos desencadenan para mantener la supremacía sobre el 90 % de la población mundial. Los burgueses no se rendirán ante la primacía inevitable de la emancipación y de la igualdad en la historia, sólo la victoria del proletariado hará desaparecer la desigualdad, al Estado, las armas, la represión y la guerra, para acabar con la irracionalidad que nos atenaza como víctimas, pero también como heraldos y guerreros de la alborada. La vida y el futuro de miles de millones de niños está en juego en los más de 40 conflictos armados de todo el mundo.

Todo ser humano intenta descubrir una lógica elemental, o una explicación, que relacione lo que percibe con alguna forma de unidad más o menos comprensible. La guerra perturba este proceso en el caso de los niños atrapados en ella. A menudo sus explicaciones son más terroríficas y confusas que los hechos. Cuando al fin comprenden que se trata de la muerte, no podrán manifestar la pérdida de sí mismos. Sin confianza, en abandono, vulnerables, impotentes, cargarán con la sensación que sus vidas no les importan a nadie. Sus padres muertos anónimamente luchando por la libertad sucumbirán frente a la imagen mediática y mesiánica de quienes se fungen “defensores todopoderosos de la libertad y de la justicia”.

Para el resto de sus vidas, el 96% no superará el miedo a la oscuridad, el 70% no podrá concentrarse adecuadamente, el 50% sufrirá transtornos de estrés postraumático, el 35% se aislará o evadirá de diferentes formas, puesto que la pobreza, la guerra y sus causas seguirán sucediéndose en sus vidas como en un laberinto sin fin, a menos que decidamos morir para salir de la mistificación de la pseudos-verdad de la realidad contada por los explotadores.


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