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Thursday, October 04, 2007

La Mala Leche de Leche Gloria

Por Belinda Chang

Cansados de rumiar las mismas promesas, de espantarse del lomo los mismos precios, y de recibir la misma insultante indiferencia de la todopoderosa “Gloria”, cuyo nombre suena más bien al paso del disgusto al fracaso, 300 ganaderos y sus respectivas vacas, arrojaron, en el primer día de huelga láctea, seis mil litros de galaxia líquida al negro asfalto urbano, memoria chancrosa de don Muuuurgia, que curte cuero y amasa fortuna con la brea, en gráfica demostración contra la insolencia grisácea de los oligopolios lecheros.

La esperanza de que suban los precios para que una ganancia razonable permita recuperar la abundancia de la cornucopia, la alegría de las ubres, el consumo de las urbes, los costos de producción de los ganaderos y la productividad de la cadena lechera, so pena de dejarlos sin leche e inundar los ríos de la indignación popular con el escalofriante contraste entre la inflexible blanca riqueza de “Gloria” y la negra pobreza de los niños marginales que no la ven ni en polvo ni en queso ni en mantequilla, porque Gloria paga poco y cobra caro para seguir comprando medio Perú, depende del embiste bravío de las cornamentas levantiscas y del peso afirmado de las pezuñas vacunas.

Las vacas manifestantes esperan que el representante del “teteo no vacuno”, entendido en estas lides de blanquear los asuntos del manejo nacional, muja al estilo bufalesco para que sus tres amigotes de la concentración lechera no nos rompan ni las ubres de la paciencia ni los sueños democráticos de tomarnos un buen café con leche cuando ellos se hayan ido, ojalá pronto, devolviendo las estrellas a su lugar de origen, al cielo azul o al cielo rojo, pero no a ninguno que se parezca a ese trapo desvaído de las promesas incumplidas, donde reposa reseca ya la sanguaza popular recientemente derramada, que espera el castigo político y penal necesario contra los artífices del genocidio más negro que las noches de los ajusticiamientos paramiliatares, el café de los velorios impagos, y los que serán legales por obra y gracia del D. Leg. 982.

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Sunday, September 09, 2007

En ausencia del Estado… el pueblo se organiza

Miércoles 15 de agosto, 6.50 PM, el suelo del sur tiembla, un terremoto de 7.9 deja quinientos muertos, centenares de heridos, miles de damnificados, centenas de manzanas derrumbadas, desolación y caos. El Perú enmudece. El Estado gana la primicia y sin información suficiente ensaya una mentira que no cesa de ser desenmascarada por las cifras que no paran de llegar. Los samaritanos de ocasión posan para las cámaras, el pueblo se resiste a la tragedia y se organiza para el rescate, la remoción y la reconstrucción. Recriminaciones mutuas: los pronósticos fueron desoídos, defensa civil no reacciona, los camiones y containers se esfuman, la ayuda no llega, nadie confía en la “solidaridad” gubernamental. Todos se apresuran a ir al lugar, pero el pueblo pide que no vayan a tomarse la poca agua que llega. La naturaleza ha abierto a trocha un espacio para la autoayuda con dignidad y sin rédito publicitario. Después de todo, cuando todos se hayan ido, cuando todo pierda esa aura de “heroicidad”, el pueblo solamente se tendrá a si mismo.

Ante la conmoción de eventos inapelables como estos hemos re-descubierto otra vez que el Estado, enclenque como las casas, disimula buscando un chivo expiatorio para explicar porqué la telefonía colapsa como los contratos, pero se oculta que el sistema de comunicaciones del ejército también falló. Por la misma razón no se declara el toque de queda, y el pueblo debe organizarse en rondas para restablecer el orden. Toda herramienta es compartida. Juntos todo lo podemos.

El Presidente anuncia fondos pero impone una nueva entidad. El pueblo no cesará de exigirle al Estado que cumpla con su rol, pero eventualmente le exigirá que se haga a un lado para reemplazarlo por uno nuevo. La respuesta histórica es : los pueblos pasan de la autoconciencia a la autoayuda, y de la autodefensa al autogobierno.

A casi dieciocho días del horror, para el Estado Fascista, quinientas personas son sólo una cifra. Se gobierna para el tanteo y la especulación, para el cálculo y el entreguismo. Los desastres son impredecibles pero imprescindibles para subir el porcentaje de aceptación presidencial del treinta al cuarentidós por ciento. Diez puntos valen oro para salir del jaque sufrido antes del primer año.

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