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Friday, November 23, 2007

Apocalipsis Sistémico

Por Facundo Bazán

Durante casi dos décadas, distintos foros, incluidos los que la ONU propició, avanzaron algunos convenios internacionales insuficientes para intentar moderar la velocidad de incidencia que ciertos factores del modelo cultural, productivo y de consumo dominantes tienen sobre la viabilidad del sistema de recursos, de existencia y de instituciones vigentes.

El tono de los informes científicos ha ido acentuando el tono de alarma respecto de la vacuidad, vulnerabilidad y volatilidad de una economía peligrosamente basada en la sobreexplotación contaminante y destructiva de los recursos, en la sensualidad, nimiedad y senilidad acelerada de lo producido y de lo productivo, y en la precarizante tercerización del empleo y la desmaterialización de los bienes, y en la prosperidad de la especulación a partir de la gestión del riesgo en los negocios.

El clima social dominado por la concentración extrema de la riqueza en un solo polo, es el resultado de un clima político dominado por la depreciación de la razón, de la ley y palabra, y por un clima cultural dominado por la retórica mediática de las imágenes con que se construye el mundo de la percepción indemostrable y de las interpretaciones abiertas. El clima emocional o espiritual está dominado por el encanto de la evasión y de lo efímero, y por el desencanto que provoca cualquier promesas fundacional; mientras que el clima natural del planeta entero está dominado por la contaminación por hidrocarburos, radioactivos, plásticos, venenos y metales pesados, por el derretimiento de las nieves perpetuas y la crisis del agua dulce, y por la manipulación, estandarización y desaparición de las especies.

Se avecinan temperaturas inmanejables como las que provocaron los devastadores incendios en Grecia, el derretimiento de los polos y de las nieves perpetuas, la subida del nivel de los mares, la desaparición de miles de ciudades costaneras, y la migración de millones de habitantes en calidad de refugiados, sequías prolongadas y tormentas electromagnéticas inusitadas, intensas y recurrentes, con pérdidas en masa.

Reportes concienzudos de miles de científicos y de cálculos científicos consistentes, corridos en varios modelos de cómputo, sometidos a infinidad de mediciones de verificación y control de las tendencias no dejan lugar a duda : algo horrible se está desencadenando ante nuestros ojos, sin que los que detentan la toma de decisiones planetarias den paso atrás en la inercia de la subjetividad y del temor que dominan las leyes del mercado, ante la posibilidad destructiva de una calamidad que no se deciden a anunciar y a evitar porque saben que es ya inevitable.

El hecho de que la concentración en la atmósfera de dióxido y monóxido de carbono acumulada en los cien últimos años de actividad industrial, basada en la quema masiva de hidrocarburos, sea la más alta de los últimos 650.000 años, es congruente con las afirmaciones del Instituo Max Planck de Meteorología, respecto a que el efecto que el calentamiento global tenga a finales de este siglo, entre 2,5 y 4,1 grados Celsius, dependerá fundamentalmente de la magnitud de las emisiones de dióxido de carbono. Y entre menos hielo cubra la tierra, menos protección contra los rayos solares, más débil la barrera de ozono y más devastadores sus efectos en la muerte de las células y su material informativo, con la consecuente mutación y desaparición biótica.

La descompensación de las presiones y sistemas de vientos y precipitaciones, o de salinidad de los océanos y consistencia de las capas de hielo es tal que las estrategias a adoptarse a partir del 2012 dependerán paradójicamente de China y Estados Unidos, los mayores agentes emisores y contaminantes, y los más refractarios a aceptar su responsabilidad como grandes consumidores de energía. Se acerca un gran Apocalipsis, un gran cambio no sólo climático que desafiará toda la información acumulada durante miles de años para adecuarnos, de modo que la ciencia y la cultura, la política y la economía sean capaces de cambiar radicalmente las reglas de juego dominantes por otras capaces de armonizar los recursos y la riqueza generada por el trabajo emancipado del parasitismo económico y político-militar por una administración del bienestar global a partir de criterios de justicia y de instituciones surgidas de la masa de los trabajadores de la ciudad y del campo.

Muchos expertos como el Dr. Latif, del Instituto Leibnitz de Ciencias Marítimas de la Universidad de Kiel, aún creen que con intensos esfuerzos combinados aún es posible paliar las graves consecuencias y eventualmente manejarlas para disminuir su destructividad.

El estudio y la realidad que vivenciamos silencia a quienes dudaban de que la actividad de los hombres bajo el sistema irracional del capitalismo sea el causante del calentamiento global.

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