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Saturday, February 09, 2008

El capitalismo del desastre ( 1 y 2 )


Por Guillermo Giacosa

No es un bestseller aún pero está siendo devorado por todos los que muestran preocupación por el rumbo que están adquiriendo los acontecimientos mundiales. El libro pertenece a la periodista e investigadora canadiense Naomi Klein, se llama “La Doctrina del SHOC”, y tiene por subtítulo que 'El auge del capitalismo del desastre'.

En él, la autora relata con profusa documentación las monstruosidades sobre las que se edifica el sistema en que nos movemos. Klein demuestra que el capitalismo, lejos de ser el camino hacia la libertad, emplea sistemáticamente la violencia y el terrorismo contra el individuo y la sociedad. aprovechando las crisis para introducir medidas de choque económico, acompañada de otras formas no tan metafóricas como las porra de los policías, las torturas con electroshock o picanas. Esto pasa de Chile a China, de Rusia a Sudáfrica, de Canadá a Colombia, de Alemania a Argentina.

En su primera parte, el libro se ocupa del shock eléctrico que sirvió y sirve para apuntalar el shock económico tan alabado por los defensores del orden establecido. Cita el “1984”, de George Orwell : "Os exprimiremos hasta la saciedad, y luego os llenaremos con nuestra propia esencia". Luego viene el relato alucinante de cómo destacados científicos participaron en los más viles experimentos con seres humanos a fin de borrar su conciencia, y cómo organismos oficiales, en muchos casos ocultándoselo a sus gobiernos, financiados bajo nombres impensables realizaban monstruosidades ocultas.

libro se inicia con una entrevista a Gail Kastner, una de sus víctimas del insigne canadiense Ewen Cameron, fallecido psiquiatra avanzado en el campo de borrar o dominar conciencias. Esta mujer recibió 63 descargas -de entre 150 y 200 voltios de electricidad en los lóbulos frontales mientras su cuerpo "convulsionaba violentamente y se deshacía en miles de diminutas fracturas, roturas de ligamentos, llagas bucales y dientes rotos", que la obligan a pasar el tiempo en una silla ortopédica. Cameron sostenía que se podía borrar el pasado y a partir de allí construir una nueva personalidad. A partir de allí, el libro nos conduce a Abu Grahib, Guantánamo y a todos los sitios donde los seres humanos han perdido, para sus captores, tal condición.

Esas investigaciones atrajeron la atención de los órganos de seguridad, de los ideólogos y de los mercaderes de la guerra y de la muerte. Klein relata que a los electroshock siguieron las pruebas de privación sensorial, aplicadas sobre los prisioneros trasladados del Medio Oriente a Guantánamo, del que no pocos medios se hicieron eco. Esta técnica de tortura, consiste en privar a la víctima de todo contacto con el mundo exterior : ojos cubiertos por los que no ingresa la luz, oídos totalmente taponados y tacto anulado mediante materiales que no permiten siquiera tocar su propio cuerpo. Algunos reclusos de Guantánamo han pasado meses en esa situación, para luego ser sometidos a ruidos ensordecedores o enloquecedoramente repetitivos. Resultado : muchos hacen regresión y comienzan a comportarse como bebés.

El pabellón Delta de Guantánamo, donde se encuentran los supuestamente más peligrosos, va camino a transformarse, según lo expresó alguien que conoció internamente su funcionamiento, en un pabellón de lunáticos. Klein cita al general Peter W. Chiarelli, del Ejército estadounidense, quien afirma: "Somos muy buenos cuando se trata de romper las cosas. Pero el día que me pase más tiempo reconstruyéndolas, en lugar de combatiendo, será un buen día". Klein comenta: "Ese día jamás llegó.

A partir del shock que pretende borrar la personalidad, Klein hace una reflexión documentada y profunda sobre cómo ese shock -dirigido al individuo- no está desligado de los shocks económicos aplicados a la sociedad y que colocan a Milton Friedman, gurú de los Chicago Boy's, como 'el otro doctor shock'. Su hipótesis es que, en muchos casos, para que los shocks económicos se vuelvan aplicables, es necesario valerse de técnicas de represión y tortura que incluyen los otros shocks sobre los que hemos hablado. Al igual que Cameron, pero en otro campo, Friedman y su gente se empeñaron en demostrar que un "mercado del mundo real podía estar a la altura de sus fantasías perfectas". Los resultados de uno y otro caso, medidos en bienestar humano, son más parecidos a la peor pesadilla que uno podría imaginar.

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