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Friday, February 15, 2008

¿Ricos pero pobres, atrasados pero competitivos?


Por Facundo Bazán

Pensando, a partir de Argentina, en por qué países ricos, como los nuestros, con ingentes recursos naturales, culturales y humanos, detentan rentas per capita tan largamente deprimidas, y atraviesan situaciones tan surrealistas como las que atraviesan Chile o España, que se alucinan europeas, pero en realidad detenta rentas por debajo del último de los países de la UE o de Centro Europa, en productividad y nivel de vida, es evidente que las actitudes populista conque nuestras burguesías nos afectaron en las décadas pasadas les sirvió para parasitar a la sombra de los recursos patriarcales del Estado y de sus numerosas e ineficientes empresas públicas, mismas que nos impiden reconvertir nuestras industrias, cuando esa clase grita que quiere competir ya mismo con Europa o China o Norteamérica en nuestros mercados sin barreras de protección.

Maniatados al culto de la subvención pública para financiar cualquier cosa o para mantener la improductiva burocracia parasitaria y la inoficiosa partidocracia que nos mece, seguimos arrastrando nuestras pesadas e interminables deudas externas, las asfixiantes y limitantes cartas de intención con el FMI, y los exorbitantes montos que incrementamos en pago anualmente, que requieren préstamos pagar otros préstamos en carrusel infinito.
El socorrido recurso de tapar el déficit fiscal o comercial con interminables endeudamientos ha sido y es un pernicioso atentado contra lo que manda el sentido común : afectar con impuestos directos a quienes tienen rentas, percepciones, ahorros, emolumentos, propiedades y valores de goce directo y propiedad demostrada, o gravar al conjunto de las clases medias que gozan de recursos no declarados o que espectan gozar de rentas y servicios pretendidamente universales, basados en la hipoteca del futuro contra recursos hipotéticos o políticos, que acaban siempre impagos siendo asumidos por el Estado cuando los bancos se declaran en insolvencia, como hoy.

La construcción de un sano aparato productivo industrial como columna de un mercado con posibilidades de expandirse nacionalmente ha sido abandonada al lance efímero del juego especulativo de recuperación inmediatista. Es evidente que las oligarquías herederas de los conquistadores, de los colonos y de los encomenderos recogen aquí y sueñan con afincar sus depósitos muy lejos de acá, igual que las plutocracias son resistentes a cualquier proyecto de mediano y largo plazo, salvo cuando se les garantiza el sacrificio incondicional del trabajo desprovisto de todo derecho, o cuando se distribuyen en festín vergonzoso los recursos estratégicos de la nación, o como cuando se tiran abajo todas las barreras dejando inerme el mercado al juego de los grandes importadores nacionales y extranjeros y a las falacias de los exportadores de papel, que sin estas ventajas serían abiertamente incompetentes.

La búsqueda ansiosa de una rentabilidad cada vez más rápida les exige la desaparición de toda frontera para un éxito sin bandera, y les hace cultores del ardid bien montado para articular redes de acopio y comercialización que sin transformación local son eficientísimas para descapitalizar al que vende materia prima, sólo para que los brockers las envíen a sitios donde otras gentes las envasan con marcas de otros muchos sitios más, hasta hacer imposible el registro del truco y del arte del birbiriloque.

El que aún existan economías sumergidas en nuestros países resulta de la práctica oligárquica destinada a eludir el pago de impuestos, que ahora aprovechan los ricos emergentes, los nuevos ricos o los que se hacen fortuna con el contrabando, el tráfico de drogas o la venta ilegítima de armas, valores y artículos de arte y cultura. Así, pues, quienes más se han resistido a bancarizar a todos los muertos de hambre como clientes ha sido la Banca y la oligarquía que ha manejado al Estado como filtro para no reconocerle a los indios y mestizos sus propiedades individuales y comunales basadas en cesiones ancladas en la tradición o en la legislación de la república de indios.
En aquellos tiempo se decía que “la plata llama a la plata”, lo que quería decir que el rico puede hacerse más rico porque puede recibir préstamos dado que tiene propiedades válidas con qué respaldar lo que se les presta, mientras que el pobre como no tiene nada que sirva para garantizar lo que se le pudiera prestar está destinado a ser por siempre miserable. El acceso a la banca era un signo de la aristocracia a la que se pertenecía, como hoy es el signo necesario para encubrir y santificar el origen corrupto de fondos sumergidos de dudosísima reputación.

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